LA PARADOJA DE PIRRÓN

Cuentan que Pirrón gustaba de desafiar a los dioses danzando al borde de los acantilados, incluso que danzó dentro del mismísimo cráter del Etna, ajeno al fuego y a los efluvios tóxicos que emanaban de la tierra.

Y es que, según cuenta la leyenda Pirrón supo años atrás por la pitia del Oráculo de Delfos, fuente inapelable de verdad absoluta, que su muerte acontecería justo unos diez años desde aquel momento, coincidiendo con los juegos de Olimpia o Olimpiadas.

Bajando de Delfos, por un angosto camino, la mula que llevaba las alforjas, piso mal, y se precipitó por un terraplén, arrastrando a Pirrón consigo. En aquel instante sus recuerdos se reducen a una miríada de luces refulgentes, que bailaban incesantemente a su alrededor. Un hombre con una túnica blanca y oro extendía los brazos. Unos goznes dorados giraban, abriendo las puertas del Hades. “¿Qué haces aquí Pirrón? Aún no es tu hora” El mismísimo Apolo señalaba con su belleza, como paladín de la razón el camino de salida, increpando a los hijos de Hera por contradecir la palabra de la pitia del Oráculo de Delfos.

Las personas no podían creerlo, Pirrón yacía junto a la mula, ésta estaba muerta al final del acantilado, al despeñare del camino. En cambio, Pirrón que había sufrido la misma caída, se levantaba confuso, con alguna leve magulladura.

Aquel prodigio le acompañó el resto del camino, hasta llegar a su casa, en Elis. La antigua polis que se encontraba por aquel entonces dividida entre los partidarios de la libertad, o de la adhesión definitiva al reino de Filipo II de Macedonia.

Finalmente, y tras consultar con el templo, se le conminó a acudir a la corte, a informar a Filipo II acerca de su descubrimiento. Pero antes llegó la muerte de este, haciendo rey a un joven Alejandro, que algunas fuentes referían como elegido de los dioses. Aun así, el joven Alejandro Magno, se interesó por la historia de Pirrón.

El resto de la historia es bien conocida. Alejandro Magno, acudió con Pirrón, en secreto, al gran Oráculo de Delfos, ambos dieron la mano a la pitia, tras haber establecido los más rigurosos sacrificios. Así, Alejandro Magno conoció la fecha de su temprana muerte, pero gracias a Pirrón supo que nada podría matarlo hasta aquel entonces. En consecuencia, armo a su hueste, y cruzó el estrecho de Dardanelos en una misión de castigo contra los persas, una trifulca que se convirtió en una conquista del Imperio Persa, Egipto y parte del valle del Indo. Dicen algunos que la pitia fue ajusticiada, por orden del joven conquistador, la misma fecha en que ella había señalado su muerte.

Esta pitonisa era la favorita de Apolo, algunos dicen que el dios conmovido, decidió no compartir más su poder adivinatorio, y convirtió el alma de la pitia, en una paloma blanca, que acogía en su pico una rama de olivo, y que esta era vista incluso siglos después, cuando el Oráculo no era más que un reducto de ruinas