LA FILOSOFÍA SECUESTRADA


Filosofar atendiendo a la tradición de la que somos tributarios, es igual que caminar encadenado a una inmensa bola de acero. Es, en definitiva, la mejor práctica para no lograr ningún avance significativo. Si, posiblemente se logre reformar o maquillar elementos de la estructura, pero rara vez se cuestionarán los cimientos de esta, de cara a construir o modelar nuevas figuras de pensamiento, verdaderamente rompedoras e innovadoras.

Y es que muchos filósofos de renombre, sin darse cuenta, han conformado parte de un plan orquestado por quienes abren la vía del reconocimiento en función de un partidismo de dudosa validez. Esquemas profusos y análisis sesudos, amparados en una erudición banal, han sentado las bases, para la imposibilidad del libre pensamiento. Y esto sin duda, es terrible.

Ahora pensar libremente se confunde con la pura charlatanería. Con la doxa o la mera opinión, tan vacua y estéril en la producción de genuino conocimiento. La imaginación, la intuición y la creatividad, son condenadas al ostracismo, dejando en la mente una corte marcial, que administra en nombre de la “razón” los movimientos de nuestra cabal reflexión.

Es fácil identificar esas reflexiones no autónomas, que claudican y rinden pleitesía a conceptos y autores, sin ejercer una crítica valiente sino más bien ejerciendo la presión en la dirección, de aquel pobre incauto que se atreva a contradecir o a criticar abiertamente lo comúnmente aceptado.

Se anula el libre pensamiento, se prostituye el intelecto abrazando la corriente o el autor, que de alguna manera representa el sentir de una comunidad. A esos nichos de mentes devotas, que ya han declinado cualquier intento de pensamiento original, es oportuno colocarles coronas de flores y cirios.

El “está todo inventado”, es el reflejo de la parálisis intelectual que vivimos al abrigo de una dependencia excesiva de la tradición y un complejo de inferioridad, encubierto por una modestia y humildad conciliadoras. En este sentido, acompaño mi reflexión con el siguiente esquema.  

Los departamentos de filosofía de España son cotos cerrados de inmovilismo intelectual según dos ejes fundamentales:

El eje X, se corresponde, a una supeditación absoluta a la tradición filosófica, a la que se tributa mediante el sacrificio de todo planteamiento verdaderamente rompedor. Cortando el grifo a todo aquello que amenace con perturbar el consenso, que habilita y da su sentido a una comunidad y que aporta seguridad y tranquilidad a sus miembros.

El eje Y, hace mención de la insana dependencia que otorga vida al cliché de que lo de fuera es mejor. Busca un nombre pegadizo y rimbombante, más al norte de los pirineos, ya sea francés, germano o más comúnmente anglosajón.