BREVE REFLEXIÓN DE FÍSICA SOCIAL

“(…) La misma ley natural, que de esa manera nos otorga el derecho de propiedad, pone al mismo tiempo un límite a ese derecho.” Segundo tratado sobre el gobierno, De la propiedad, Locke.

La economía siempre ha despertado mi curiosidad. No tanto por la parte teórica, que en algunos casos legitima lo injustificable sino más bien por las realidades que oscilan entre la opulencia y la pobreza extrema en sendas partes del planeta.

Recuerdo que en la Facultad de filosofía de Granada elaboré un trabajo bajo el título de El espíritu de Hobbes. En el analizaba desde los sofistas de la Grecia clásica hasta contractualistas del siglo XVII-XVIII como el propio Hobbes, Locke o Rousseau. A raíz de las conclusiones extraídas del mismo junto con aportaciones más recientes me siento en disposición de cerrar el círculo y ofrecer esta pequeña pieza o reflexión.

Es curioso comprobar como la Economía asume la escasez como una constante y a partir de ahí se auto legitima como la necesidad de elegir. Este planteamiento de partida me genera una inquietud que no me permite comulgar con todo lo que se derivaría a posteriori.

Obviamente si tengo una fuente de ingresos me veré obligado a elegir entre aquellos bienes y servicios que en primer lugar colmen mis necesidades vitales. Tendré que economizar, sentarme a hacer cuentas, y entender de forma clara cuales son mis prioridades y mis limitaciones. Esto es lo mismo, para un individuo, una familia, una empresa, un país, etc. Hasta aquí todo bien. El problema o la inquietud a la que hacía referencia es acerca de la situación de aquellos sujetos nacidos en una sociedad pobre, sin apenas recursos, condenados a largas horas de extenuante trabajo, que o no tienen, o tienen una fuente de ingresos que apenas alcanza el umbral de la subsistencia. La pregunta que yo me haría como liberal es… ¿Son estos individuos libres? ¿Qué opciones les ofrece la Economía para salir del círculo de la pobreza?

Evidentemente este es un tema extremadamente complejo como para analizarlo desde un solo ángulo. Ya que existen innumerables grados de pobreza y son múltiples los factores que la desencadenan. Por ello me gustaría poner el foco en la pobreza estructural de una mayoría de población en un contexto acotado, y ver cómo encaja la teoría liberal de los contractualistas clásicos a todos los efectos.

Porque estos teóricos, como Locke, por poner un ejemplo, parten de un estado de naturaleza, previo al pacto social entre los miembros del grupo. Para Hobbes este estado previo se asemeja a una guerra de todos contra todos, de ahí su célebre máxima: “El hombre es un lobo para el hombre”. Locke considera, por el contrario, que este estado previo de naturaleza, esta conformado por hombres libres, que están dispuestos a pactar. Es una visión del ser humano, a la que se sumará Rousseau, ensalzando las virtudes del hombre bueno en estado de naturaleza, en su mito del buen salvaje. Por lo tanto, al margen de su visión sobre la condición humana, los tres tienen en común un estado de naturaleza previo, y un pacto, que lleva a una organización social y política que establece un nomos u orden ya venga representado por las costumbres, las leyes o las distintas fórmulas de gobierno.

En El espíritu de Hobbes, elaboré un Modelo Lógico Natural, en el que postulé una serie de axiomas, como condiciones previas, y los pasos subsiguientes, que me permitieran demostrar de forma deductiva, el grado de probabilidad de éxito, de dos estrategias de supervivencia comparadas, una individual y otra colectiva.

El sistema se basa en un Universo (U) con dos conjuntos:

El conjunto de los seres humanos (H).

El conjunto de los recursos vitales (R).

Ambos conjuntos son finitos.

Los axiomas o principios elementales que establecen las condiciones del universo (U) son cuatro, derivándose a partir de ellas un quinto principio.

I. Principio de autoconservación.

Def. Todo individuo del conjunto de los humanos ante la disyuntiva de existir o no existir siempre elegirá existir.

II. Principio de dependencia vital.

Def. Un hombre existirá mientras exista un recurso vital que le pertenezca.

III. Principio de ganancia posible.

Def. Para cualesquiera dos elementos humanos que se enfrenten siempre existirá un recurso que le pertenezca a uno u a otro. Es decir, que como resultado de esa confrontación siempre habrá un recurso vital para el ganador.

IV. Principio de perdida segura.

Def. Para cualesquiera dos elementos humanos que se enfrenten, y uno de ellos sea más fuerte o numeroso en ningún caso quedará un recurso vital para el inferior.

En base a estas propuestas, me pregunto por las posibilidades de supervivencia de un sujeto ‘humano’ bajo dos circunstancias posibles: estando aislado o estando en grupo. Midiendo los enfrentamientos posibles a partir de los principios descritos estableciendo dos tipos de resultado: ganancia (1) o pérdida (0). Finalmente realizo una estimación global y determino cual de las dos estrategias resulta más eficiente para la supervivencia.

Deduzco de ello que resultaría bastante más rentable para la supervivencia en este universo (U) el pertenecer a un grupo. Lo que me lleva a afirmar el V principio:

V. Principio de asociación.

Def. Todos los individuos pertenecientes al conjunto de los humanos ante la disyuntiva de elegir entre la pertenencia o no pertenencia a un grupo optarán por la pertenencia.

Esto es un modelo que me sirve para ejemplificar el paso del Principio de auto conservación ya intuido por Hobbes y otros autores hasta lo que yo denomino el Principio de asociación que vendría a significar una pauta lógica o intuitiva que predispondría al ser humano a la sociabilidad, o como estos autores señalaron, a convenir o pactar, aunque en este caso no resulta necesario presuponer la auto conciencia en dicho proceso.

Mi objetivo sería describir el conflicto entre el Principio de auto conservación o subsistencia y el Principio de no restricción de la propiedad de recursos vitales adquiridos.

Antes que nada, me gustaría poner el énfasis en el carácter psicológico de la economía, para ello estableceré hipotéticamente dos tipos de sujetos o agentes económicos. Los materialistas y los espiritualistas. Esto que puede parecer una banalización, no es tal, ya que responde a la mayor inclinación de un sujeto dado hacía lo material o hacía lo espiritual, aunque evidentemente existen tantos grados como individuos. La maximización de la tesis materialista apunta a acaparar sin límite. Mientras que la tesis espiritual declina la faceta material para centrarse en valores más intangibles. Esto puede contemplarse como un espectro, donde la tendencia ideal sería el equilibrio entre lo material y lo estrictamente espiritual o intangible. Ambos valores o tendencias están pues,

desigualmente repartidos por el mundo. Un ser humano orientado hacía el valor material en exceso desarrollará todo un repertorio de estrategias enfocadas a acaparar ad infinitum. Mientras que un ser humano espiritual carecerá de la ambición individual de acaparar más de lo que en un principio necesite.

El diagnóstico parece claro, un filósofo diría que hemos confundido el tener con el ser. Esta lógica material se ha impuesto en incontables ocasiones, y se me antoja que es una lucha de fuerzas constante a lo largo de nuestra historia común. Las fuerzas de la materia frente a las fuerzas del espíritu. Aquí haría un alto y señalaría a Hegel y a Marx, a la dicotomía entre infraestructura y superestructura. Y es que lo que a priori parece ser un problema económico, o una cuestión natural insoluble, esto es, la pobreza, bien puede traducirse como el resultado de un exceso, de un trastorno psicológico o un mal colectivo extendido por el predominio de una ideología tributaria de un enfoque extremadamente materialista. Este enfoque sobre una patología extendida en Occidente podría relacionarse en parte con tesis nietzscheanas o freudianas en lo que se conoce según Ricoeur como filosofía de la sospecha, tal vez el nihilismo sea ese abismo producto de la tensión entre ambas fuerzas.

A modo de conclusión y recopilando un poco todo lo expuesto hasta ahora, cabría decir que la pobreza en parte sería un fenómeno que tendría su raíz en la condición humana, en la inversión de valores en favor de una ideología basada en la propiedad no restringida y por tanto tendente a la acumulación sin límites. Tan solo unos pocos individuos tendentes al materialismo extremo, y por tanto dotados de cualidades especiales para la acumulación, lograrían copar la parte de la pirámide de población, concentrando en pocas manos la inmensa mayoría de la riqueza. Esta sería la ideología dominante. En cambio, la gran mayoría, de inclinación espiritualista, conformistas o ambiciosos, aunque en otras esferas vitales, menos materialistas, se repartirían una parte ínfima de la riqueza, quedando una mayor población expuesta a la falta de bienes y servicios esenciales. Aunque esto no deja de ser un ensayo y los argumentos presentes, una reflexión de su autor. Desde mi punto de vista, podría articularse un algoritmo de equilibrio, que permita restringir por arriba la acumulación excesiva, y que corrija por abajo el que ningún ser humano vea privada su libertad material, en relación con el conjunto. Quién sabe, tal vez un comienzo para una nueva economía.

Adjunto un esquema simple sobre la distribución de la riqueza en función de la población, para dos triángulos de áreas equivalentes: