El mito del buen trabajo

Ser y trabajar era un binomio sinónimo de vocación.

Llegado el momento, caerá el mito del trabajo como medio de ganarse la vida. La vida se nos concedió, el trabajo es una forma de vida más, una vía para ocupar nuestro tiempo. En una sociedad altamente tecnificada la mayoría de los trabajos desaparecerán, con un aumento progresivo de la población, compitiendo por las migajas.

Ser y trabajar era un binomio sinónimo de vocación. En el momento en el que el ser se separa de la labor para el que se siente destinado, para atender la demanda de algo que no le satisface plenamente, se produce una disociación que conlleva un malestar crónico, que se acaba denominando: alienación. Se pierde el valor esencial del trabajo, que es el de servir a la comunidad, en relación a la probada disposición y cualificación de cada uno.

La alienación es básicamente obligarnos a ser lo que no queremos ser. Esto de forma aislada no encierra ningún peligro, pero aceptado como tesis de articulación social, en el marco de las estructuras de poder, genera una represión silenciosa, un malestar en la cultura, que condena a la mayoría. Esta represión del trabajo, se interioriza como una legítima e ineludible obligación. Y aquel que no se postra ante este elevado principio, es tachado de ser improductivo, vago o vividor. Un parásito que vive a costa de los demás.

Y digo esto porque existen infinidad de profesiones ya extintas, o con muy poca demanda, que son denostadas por un criterio arbitrario, u otras que no son reconocidas como tales. Pongamos que mi ser es ser poeta, esto es, trabajar componiendo una obra poética. Pero que en mi entorno me influyen reiteradamente para ocupar un empleo en la banca, por ejemplo. En este caso antepongo mi necesidad material, a mi necesidad vocacional. Sin duda, si viviéramos en otro tipo de sociedad, donde las artes fueran más bien acogidas, podría ser el caso de que la poesía fuese una profesión más demandada. Aquí confundimos el valor de una profesión con su nivel de demanda. Algo que tiene su lógica desde el punto de vista de la colocación, pero que no refleja la técnica y el esfuerzo por dominar dicha profesión, en aras de producir un buen resultado.

Hay pues, un cierto pragmatismo o principio de la utilidad, que determina el molde de lo comúnmente aceptable. Y la pregunta que yo me hago, es si esto es así, por la acción social  independiente, o es promovido y determinado desde el poder.