Biología IKEA

El conjunto de especies biológicas de La Tierra es como el catálogo de IKEA. Cada especie, tiene sus partes y sus instrucciones de montaje o ADN IKEA. Existen familias de objetos, que es posible clasificar. Todo el mobiliario, se distingue de los artículos de decoración, de la iluminación… De igual forma hay especies, como las sillas, las mesas, los armarios, etc.

Observando las diferencias en una perspectiva temporal. Unos científicos, han establecido que el mecanismo de la biodiversidad presente en el IKEA, es debido a la selección natural. Más concretamente a los cambios o variaciones en las instrucciones de montaje, entre los mismos individuos de una especie. Esta es la base para hablar de evolución.

En términos naturalistas, las mesas se arman según las instrucciones y punto. Solo algunos filósofos y científicos, se atreven a levantar la voz para señalar que existe un diseño, de dichas instrucciones, que guarda relación con la usabilidad del objeto en sí.

De hecho un tío llamado Aristóteles, unos siglos atrás, había formulado su teoría de las cuatro causas. En ella, sostenía que una mesa, se componía de cuatro causas. La material, esto es, la madera. La formal o las instrucciones de montaje. La eficiente que es el carpintero, y la final, que es digamos, el propósito general para lo que se usa una mesa.

Pero tanto la eficiente, como la final, fueron desechadas. Ya que contemplaban un enfoque teleológico. Algo que implicaba asumir que hay una parte incontrolada en nuestro destino, o que dicha parte puede estar en manos de otras inteligencias. Algo sin duda, inquietante y perturbador.

Desde entonces, la ciencia mira para otro lado. Afortunadamente, podemos estar tranquilos, ya que el azar, la materia y el tiempo, nos permiten fundamentar el autoengaño, tal vez, para regocijo de esas inteligencias.

El departamento de creatividad ilimitada

creatividad

Es el fogón de las culturas, ese enjambre de particularismos remotos, de anécdotas chocantes, de chistes malversados, de estrellas fugaces, siempre en tránsito, hacía alguna utopía.

Anoche el departamento de creatividad ilimitada recibió una petición. Por la presente se le convocaba para elaborar una obra original. Si, ese tipo de cosas que uno haría de buena gana, si el resultado fuera a cambiar algo el panorama.

Pero bueno, lo primero era buscar en el blanco de la hoja un punto. Un apoyo para mover el bolígrafo y empezar a trazar líneas. Unas que se alejaban y otras que se encontraban. Caprichosas, nerviosas, sinuosas, angulosas, elípticas…

Un garabato hilado o enhebrado con sorprendente acierto. La obra dice “hola” a través de un rostro irreconocible. Hecho de barro, mal apelmazado, juntado con esfuerzo, esbelto, pero sin forma humana. Así se presenta el día. Esa voz metálica, que traspasa con metódica parsimonia mis tímpanos, contrayendo mi cerebro, el único músculo que ejercito en balde, ante la anodina expectación de un mundo mecánico.

Un mundo mecánico que gira en orbitas perfectas. Y es que a pesar de llamarlos errantes, los planetas saben bien a donde van, buscan el refugio de la luz. Se agazapan y sienten las tablas, apiladas con esmero, atizadas con mimo… es el fogón. El círculo que congrega a la dilecta compañía de adalides del mecenazgo, del arte y la ciencia… de la exiliada cultura.

Y es que algún día se volverá a reunir el fogón. ¿Para qué? ¿Por qué? No sabría decirle la razón, lo cierto es que la travesía oceánica lleva de un continente a otro, pero el fuego sigue elevándose con la misma gracia, acariciando el calor, los rostros encendidos de los presentes. Las sonrisas se escapan, saltan de unos a otros, el gesto grave se abandona, se aparta del espíritu de las brasas chisporroteantes.

El crujir de la leña consumiéndose despierta la curiosidad por el cantar de una historia huérfana. La que tras breve pugna, logra imponerse a las demás. Habla de un viaje hacia lo no conocido, una Europa rutilante, una ida y una vuelta, dos mundos, que se abrazan en la noche, sin saber cómo desperté acá, cuando soñaba que estaba allá.

Ya el fuego crepitante se extingue, pero el recuerdo de la luz prevalecerá frente a las tinieblas del olvido. Es el fogón de las culturas, ese enjambre de particularismos remotos, de anécdotas chocantes, de chistes malversados, de estrellas fugaces, siempre en tránsito, hacía alguna utopía. Ese es el espíritu que lleva al departamento de creatividad ilimitada, a colaborar en esta, vuestra travesía. Un programa de radio, que nos da voz, para que no medremos en la oscuridad, en el rincón de un cuarto dilatando las horas, presos de la molicie y la más dañina de las soledades.

Es un nexo que nos une, nos aglutina y nos transforma, haciéndonos fuertes gracias al apoyo del compañero. El que flaquea, pero al que no desestimo. Porque el error nos hace humanos, y nos impulsa a cometer aventuras, pinturas, poesías, relatos y programas de radio.