Manifiesto Hacker

Mi nombre no importa. Soy lo que algunos llaman un hacker. Una palabra que etiqueta a muchos pero que no dice nada de mí. Al menos de lo importante. Vivo en y para el conocimiento, soy consciente de que la mayoría no lo comprenderá. Es un estilo de vida poco familiar, apenas me relaciono, y si lo hago es por el puro interés de apropiarme de alguna información, que de otra forma no me sería accesible. Habito en bibliotecas públicas, estudiando protocolos de comunicaciones, para explotar sus vulnerabilidades, y mostrar al mundo la futilidad de la autodenominada seguridad informática.

Ahora he encontrado un hueco en la madriguera. Hace tiempo, que me separé del rebaño, y eso me hizo extraño ante el espejo. La barba abundante me recuerda lo alejado que me encuentro de aquel bisoño programador, que anhelaba comerse el mundo. En realidad podría considerarme un dios dentro de mi universo particular. Ando sumergido y fascinado en un campo de estudio inagotable. La computación cuántica. Hace un par de años, me fije en este paradigma, y desde entonces he ido dedicándole más y más tiempo de estudio. El problema es fabricar un artefacto partiendo de cero, en mi caso el Everest de mis propósitos. Ya que abarca  un espectro multidisciplinar muy amplio. Por ello, lance un llamamiento en la Deep Web. Y lo que empezó como un juego se fue convirtiendo en algo muy serio.

El proyecto digamos que se me ha escapado de las manos, y me ha obligado a delegar dada su extrema complejidad. Afortunadamente, otros tipos como yo, han tomado el testigo, y juntos hemos logrado crear un prototipo de máquina virtual para simulación cuántica de entornos de realidad no reducible. La interfaz, consiste en unas gafas oscuras con un sensor y un electrodo conectado a la sien. El sujeto debe estar dormido, para lo que utilizamos unos fármacos específicos. Una vez relajado, es el grupo el que controla los parámetros del sujeto, en el contexto virtual, siendo la arquitectura lógica, y su base algorítmica, la clave para engañar a la mente, haciéndole pasar por una serie de pruebas que el identifica con circunstancias habituales y cotidianas de su propia vida.

Hace poco descubrí la obra de unos filósofos, que en base a recientes trabajos de física, postulaban la inquietante posibilidad de que nuestro universo no fuera más que una simulación de algo que sería en verdad nuestra auténtica realidad. Ese “algo”, me llamaba poderosamente la atención, sin duda estaba convencido de poder hallar el hueco que me condujera a la madriguera, o la salida de la misma. El caso es que nuestro juego, ha ido adoptando a mucha gente, que desea compartir experiencias que sus vidas convencionales no les permiten adoptar, y se conectan y viven en nuestro entorno virtual sin ser conscientes de ello. Esto crea una extraña paradoja, ya que cuando sienten de alguna manera que la realidad que les proporciona el sistema no casa con sus impulsos o sus deseos más inmediatos, hacen mención a Dios. Así nos sentimos los administradores del sistema, que apenas alcanzamos a regular la experiencia de los sujetos dependientes de esas historias, que crean adicción y que recientemente acabaron con la vida de varios sujetos debido a su imposibilidad de desconectarse.

Afortunadamente el anonimato nos protege. En cualquier caso, si algún día recibes una caja en tu domicilio con el kit de gafas y una invitación a conectarte, procura asegurarte de generar la alarma en el sensor, para no quedar atrapado en la simulación cuántica.