Predictibilidad en el conocimiento humano

Dados

Algunos filósofos de la ciencia, resaltan el lado positivo, dejando los fenómenos que no encajan en el método, como cuestiones que al no ser posible corroborarlas, carecen de valor epistemológico, e incluso ontológico.

Hay sucesos que tienden a repetirse, de ahí que exista la predictibilidad. De hecho, si no se dieran patrones, no podríamos extrapolar leyes, en definitiva no podríamos armar un conocimiento.

Si no existieran patrones la predictibilidad sería nula. Sería el reino del caos más absoluto. En ese sentido nos congratula que exista un orden, un cosmos. Sin embargo no todo son buenas noticias, ya que si la totalidad de los hechos tendiesen a repetirse no habría posibilidad de cambio o variación. Digamos que nuestro universo está compuesto de constantes, pero también de variables no predecibles. Algunos filósofos de la ciencia, resaltan el lado positivo, dejando los fenómenos que no encajan en el método, como cuestiones que al no ser posible corroborarlas, carecen de valor epistemológico, e incluso ontológico. Ello implica dentro de un análisis de la realidad, dejarse buena parte de la misma fuera del ámbito de investigación.

Yo no soy teólogo, pero admito cierta credulidad acerca de hechos que he vivido y para los cuales no encuentro explicación. En ese sentido, a lo largo de la historia de la humanidad se han documentado sucesos que han roto con ese cosmos en el que tan seguros y cobijados nos encontramos. Es cierto que el fraude y la ignorancia, han sido moneda de cambio habitual en estos casos. Pero existe un tanto por ciento, muy reducido, de casos para los que no es fácil dar una explicación, con el filtro metodológico de la ciencia. Hechos que en sí mismos quiebran nuestras convicciones de cómo han de ser las cosas. De ahí mi interés por los milagros, y cómo encontrar en ellos, desde un enfoque aséptico, una llamada de atención. No se trata de abrirse a cualquier tipo de superchería o anhelo supersticioso, sino de llegar a calibrar en su justa medida, qué hechos merecen nuestra atención, para un estudio holístico del ámbito del conocimiento humano.

Normalidad como etiqueta social

pastillas

La norma, lo normal, lo convencional, la costumbre es una vía de sentido único. Proponer alternativas supone enfrentarse al riesgo de ser rechazado o excluido.

Somos seres sociales, esto es, interdependientes. Y para garantizar nuestra supervivencia debemos colaborar los unos con los otros, aunque sea de forma indirecta. Esto crea un área o espacio abierto y público donde se aceptan algunos actos y otros no. Donde se forja la posibilidad de la comunicación y se garantiza una “cultura” común. El germen de una comunidad.
Hay pues una selección previa, un filtro de contenidos, que se aceptan o se desechan de forma explícita o implícita. Es una pugna continua por insertar en la cultura colectiva unos valores, unas ideas, y unos hechos que reciban la aprobación general. En este sentido, la interacción social ofrece un determinado patrón de comportamiento para un sinfín de situaciones. Esto sucede de forma natural, dada la costumbre generalmente aceptada.
Pero esta normatividad, este protocolo que hemos construido en la interacción social sin ser conscientes tiene un doble filo. Por un lado, la garantía y la seguridad que ofrece el seguirlo, o por el contrario, y esto es lo más inquietante, la certidumbre del rechazo o la exclusión si se contraviene con lo establecido.
La norma, lo normal, lo convencional, la costumbre es una vía de sentido único. Proponer alternativas supone enfrentarse al riesgo de ser rechazado o excluido. Digamos, que si tu comportamiento sigue el canon establecido para cada situación, puedes colgarte la medalla de la normalidad, en definitiva, como suele decirse, tienes la cabeza bien amueblada.
¿Pero qué ocurre con aquellos individuos que por algún motivo se desvían de la norma? Volvamos al tema de la interdependencia, de que somos seres sociales. La omisión, la exclusión y la marginalidad hacen su aparición. Esto provoca una sensación de desarraigo, digamos que es una pieza del puzle que se queda fuera.
En el caso de la salud mental, la propia “locura” en sentido coloquial, es un término que se usa peyorativamente en contra de la lógica o el “sentido común”. Esto es así, porque la comunidad ha de defenderse y establece mecanismos sancionadores para garantizar la supervivencia. De ahí la existencia de tabúes. Límites para garantizar la obligada sociabilidad. Aquí dejo el texto de un anuncio de Apple de la campaña Think Different que refleja el espíritu de lo hasta aquí expuesto.

“Este es un tributo para los locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los que van en contra de la corriente. Los que ven las cosas de diferente manera. Ellos no acatan las reglas, y no tienen respeto por lo establecido. Puedes citarlos, estar en desacuerdo, glorificarlos, o satanizarlos. Pero lo único que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas e impulsan a la humanidad hacia adelante. Y mientras que otros los ven como locos, nosotros los vemos como genios. Porque la gente que está tan loca como para pensar cambiar el mundo – ¡es quien lo logra!”