Sobre la fuerza motivada

El mundo esta lleno de cosas que no se ven, que no se pueden medir o ponderar, pero que resultan determinantes. Pensemos en la fuerza de ideas, sentimientos, intuiciones, etc… A éstas las denominaré empleando el término fuerzas motivadas.

Digamos que un noventa por ciento de las fuerzas motivadas acaban afectando a una parte importante de nuestro universo físico. Así, el resultado de una idea como, por ejemplo, el negacionismo del cambio climático, puede llevarnos a alterar nuestro hábitat, llegando a afectarnos físicamente.

Recordemos con un ejemplo, la teoría de las cuatro causas de Aristóteles. Teníamos como resultado una escultura de Atenea, la causa material era el mármol, la causa formal era la figura de Atenea, la causa eficiente el escultor, y la causa final era el propósito, en este caso la decoración. Si echamos un vistazo rápido, podremos concluir que, de las cuatro causas, dos, como son la causa formal y la final, pertenecen al ámbito de las fuerzas motivadas. Mientras que la causa eficiente y material, corresponden al ámbito de lo físico.

Es curioso comprobar como lo material, mecánico o físico en la actualidad adquieren un valor superlativo relegando a un segundo plano a las fuerzas motivadas. Por todo ello cuando hablamos de progreso, generalmente nos centramos en los beneficios materiales que experimentamos a través de los sentidos, pero rara vez hacemos introspección y nos dedicamos a establecer los parámetros de un avance en lo cualitativo.

En el apartado de la ciencia, se da un negacionismo de las fuerzas motivadas, cuando esta actitud o planteamiento, es a su vez, producto de una actitud motivada. Así las fuerzas inmotivadas, el escultor aleatorio que no se basa en ninguna idea previa, acaba produciendo una magnífica escultura de Atenea.

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