El día del orgullo metafísico

Darwin

La escepticología es una religión fundada hace unos siglos. Aunque tiene como profeta a Darwin, abundan una infinidad de apóstoles. El lugar de culto suele ser el laboratorio, allí se pone en práctica una determinada liturgia que sus propios adeptos suelen llamar investigación. El método estudiado implica una serie de mandamientos. El primero es que todo responde a causas naturales. Incluso las acciones de los humanos, responden a que existen átomos que se agitan y dan lugar a todas las manifestaciones y conductas posibles. Es decir que los átomos son la causa última de que Darwin escribiera El origen de las especies. El texto sagrado de estos primates aventajados.

El segundo mandamiento es enseñar a desconfiar de uno mismo. Todo el que habla ejerce una responsabilidad en el mundo. Y es culpable, hasta que se demuestre lo contrario. Esto crea un tribunal inquisitorial dentro del sujeto, algo que hubiera hecho llorar de envidia al mismísimo Torquemada. Este enfoque, una vez aniquilada cualquier resistencia interior, despeja el camino para asumir un papel pasivo o minúsculo en la construcción del conocimiento.

Esta auto castración, esta infravaloración de lo subjetivo a priori, crea un molde, al que se hacen una legión de individuos, que copan puestos en las instituciones, con la ingenua percepción, de que hacen lo correcto. Lo que produce una ciencia que se hace dependiente, en exceso, de espíritus verdaderamente libres, que son los que suelen tirar del carro, como pasaba antes, cuando imperaban otras religiones.

Algunos filósofos, verdaderamente libres, que escribieron de forma sana, lo que les dio la gana, vuelven a enfrentarse a esta innovadora religión. La escepticología avanza, como la nada nadeando las mentes, fagocitando la iniciativa creativa, bajo el dogma de la crítica, una criatura incontenible que devora cualquier idea innovadora.

El resto de mandamientos, tan solo sirven para apuntalar el producto final, esto es, un individuo subordinado, que ha interiorizado su autodesconfianza. Por ello, como buen libre pensador,  reivindico la implantación del día del orgullo metafísico, como una alternativa que nos enriquezca en matices, frente al tono gris, típico de estos expropiadores del genio humano.

abril 19, 2017

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